lunes, 1 de marzo de 2010

FILEMÓN Y BAUCIS

Filemón y Baucis, de Adam Eisheimer
Eran un matrimonio muy humilde, que su mayor riqueza era el amor que sentían el un por el otro.
Vivían en una región de Frigia, conocida por la falta de hospitalidad de sus habitantes.
Zeus, a sabienda de esto, quiso ver con sus propios ojos si era cierto, y así, en compañía de Hermes, bajó a la tierra, disfrazado de pobre harapiento.
se pasearon por el lugar, y en todas las casas en las que pedían limosnas, les trataban por igual, hechándolos e insultándolos, hasta que llegaron a las puertas de dicho matrimonio.
Los ancianos, les trataron con la mayor de las cortesías. Les dieron agua para lavarse y ropa limpia. Les ofrecieron los pocos y humildes alimentos que tenían: algo de vino y miel, queso, huevos, e incluso cuentan que decidieron sacrificar a su único ganso (que al parecer, fue a refugiarse a los pies del padre de los dioses).
Atónitos observaron que, aunque los invitados no paraban de comer y beber, la comida nunca faltaba, al igual que el vino en sus copas.
Cuando quedaron saciados, ambos dioses se motraron como tales, y Zeus, viendo la bondad del matrimonio, juró por el rio Estigia, que les concedería aquello que solicitaran. Al parecer, pidieron que su humilde choza se convirtiera en la residencia de los dioses en la tierra.
Los cuatro subieron a la colina más alta del lugar y observaron, como su choza se convirtió en un fabuloso templo que serviría a los dioses. Filemón y Baucis, pidieron también, ser los sacerdotes de dicho templo, y que al morir, lo hicieran juntos. Y así les compensó Zeus.
En cambio, al resto de lugareños, los castigó, mandando un gran diluvio que arrasó la zona y mató a los habitantes, salvo, claro etá, al dichoso matrimonio.
Ilustración de José Ramón Diez Rebanal


Cuando llego la hora de ellos, Zeus les compensó con un último regalo: transformó a Filemón en roble y a Baucis en tilo, y así permanecieron para siempre con sus ramas entrelazadas.