viernes, 6 de noviembre de 2009

PATARICO


Este cíclope, vive en el norte de España, siendo muy popular en Asturias, aunque también hay relatos de él en el País Vasco (Tártalos) . Similar al Ojancano Cántabro.
Se trata de un ser "de agua". Vive cerca de la costa, por lo que deben tener mucho cuidado los hombres de la mar, ya que no dudará en deborar al pobre náufrago que llegue a sus playas.
De los naufragios, aparte de hecerse con "comida", les gusta guardar los tesoros que lleven los barcos.
Si los barcos no iban a él, él iba a ellos y los volcaba. Por eso mismo, se dice que era un mosntruo de gran tamaño, de entre 3 o 4 metros de altura. Peludo y sucio, ataca por las noches, en la que su único ojo brilla con una luz de un rojo mortecino
Si no encuentra alimento en la costa, no tiene reparo en adentrarse en los bosques en busca de presas, que encuentra gracias a su finísimo olfato. Si no las encuentra, las bayas y frutos del bosque entran en su dieta, prefieriendo, eso sí, siempre la carne fresca y cruda, ya que temen al fuego.
Los lugareños cuentan, que roban niños, para usarlos de esclavos, engordarlos y devorarlos con el tiempo.
Cuentan, que cuando se enfada, es capaz de destrozar graneros, pequeños muelles e incluso desviar el curso de riachuelos.
Por el día descansan en cuevas cercanas a la costa, que mimetizaban con el entorno adornándolas de maleza y tapando la entrada con piedras.
Su unico punto debil es una única cana blanca que se encuentra es su desmarañada barba; si se le arranca, no reaparece más. Como en otras muchas leyendas, la iglesia, mete mano. Así, se hacía mucho incapié que era, los paganos y malos cristianos, la comida favorita del Patarico, considerado un ser de origen demoníaco.
La hembra de este ser, es la conocida ojancana, aunque esta, es, como el ojancano, más conocido en las zonas de Cantabria y norte León, siendo bastante diferente físicamente, por lo que la relacion como macho y hembre de "igual especie" no está claro. Cuenta, que hay un "País de Pataricos", frente a la costa Astur, aunque alejado. Allí, se aventurarían barcos, en busca de los famosos tesoros de los pataricos. Estos, esperarían a sus presas, ya que los barcos tendían a naufragar en sus peligrosas costas.

Ilustración de Aitziber Alonso