lunes, 12 de enero de 2009

EL TARTARO

Dibujo de Ted Nasmith


Los antiguos griegos y romanos, creían que todas las almas iban al inframundo, independientemente de su comportamiento.
El hades, estaba dividido en varios apartados. Uno de ellos, era el Tártaro, el lugar mas bajo de los infiernos.
Según los romanos,era lugar gigantesco, rodeado por un rio de fuego, el Flegetonte, rodeado de multiples murallas para que nadie escapara. Su guardian, era una hidra con cincuenta cabezas, que volvian a aparecer dos más si se cortaba una, y se sentaba al pie de una puerta protegida por columnas de diamante. Dentro, un castillo con anchas murallas y un alto torreón de hierro, en onde habitaban las furias. En el torreón se encuentra el pozo sin fondo, donde se hayan los titanes, los aloadas y otros criminales.
Dentro del Tártaro hay muchos más pecadores, castigados de forma parecida a los de los mitos griegos.
Hermes guiaba a las almas de los muertos al infierno, aunque para otros se trataba de Thanatos quien lo hacía.
La entrada a los reinos del dios Hades, estaba marcada por el río Aqueronte y Caronte era el encargado de hacer cruzar las almas al otro lado del río.
El alma era juzgada, y según su comportamiento en vida, así sería su estancia en el inframundo. Si el fallecido no había sido ni bondadoso ni malvado, vagaba eternamente en los campos de Ásfódelos , donde el alma, perdía su identidad, fantasmal y gris, salvo los héroes que conservaban ciertas nociónes.
Los crueles e injustos eran destinados al tártaro, la parte mas baja y negra del hades, un abismo sombrío lleno de tormentos (como el infierno cristiano) donde habitaban muchos de los Titanes.

Es uno de los objetos primordiales, junto con el Caos, Gea y Eros, que surgieron en el universo.
Aunque Hades era el señor del inframundo, no tenía forma de hacer valer su autoridad en regiones tan profundas y se contentaba con contar un ejército de gigantes con cien brazos para controlar que nadie escapara del abismo.
El Tártaro se convirtió en un lugar de castigo, según el pecado cometido. Por ejemplo, Sísifo que era un ladrón y un asesino, fue condenado a empujar eternamente una roca cuesta arriba sólo para verla caer por su propio peso. También allí se encontraba Ixión, el primer humano que derramó sangre de un pariente. Hizo que su suegro cayese a un pozo lleno de carbones en llamas para evitar pagarle los regalos de boda. Su castigo fue pasar la eternidad girando en una rueda en llamas. Tántalo, violó la confianza de los dioses, y fue castigado a ser sumergido hasta el cuello en agua fría, que desaparecía cada vez que intentaba saciar su sed, con suculentas uvas sobre él que subían fuera de su alcance cuando intentaba agarrarlas.


El Tártaro se menciona en algunas ocasiones como una deidad, sobretodo haciendo referencia a la creación, Dios que se une con Gea para tener descendencia.

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