miércoles, 14 de enero de 2009

BELEROFONTE

Belerofonte era un joven fuerte y valiente, hijo del Rey Glauco de Corinto, que cayó en desgracia al causar la muerte de su querido hermano, accidentalmente durante una cacería. A raíz de ello, se cambió su nombre a Belerofonte, que significa Asesino de Belero, antes conocido por Iponoo. Apenado, decide abandonar su ciudad natal, y se dirigió para purificarse, a la ciudad de Tirinto del rey Preto. El rey lo acogió como huésped. Pero su esposa, la reina Estenebea, se enamoró perdidamente del héroe e intentó seducirle. Belerofonte rehusó. Estenebea, ofendida, para vengarse lo acusa falsamente de intentar violarla. El rey de Tirinto se pone furioso creyendo a su esposa, pero las leyes de hospitalidad que habían en aquel momento, castigaban fuertemente la muerte de un huesped. Pensando, decide que Belerofonte le haga un favor: llevar una carta sellada de recomendación, según dice, a su suegro, el rey Yóbate de Licia, padre de Estenebea. En la carta, en realidad, le pedía que diera muerte a Belerofonte.
El rey acogio a Belerofonte aun sin saber nada, con grandes muestras de hospitalidad, como mandaba la tradición. Los primeros nueve días se la pasaron en festejos. En la mañana del décimo día, el rey Yobates abre la carta que le entregó el joven. Ésta decía: «Ruego a usted eliminar de la faz de la tierra al portador de esta carta, quien ha tratado de abusar de su hija, mi esposa.» Yobates , sorprendido e irritado ante la noticia, también dudó en infringir las leyes de la hospitalidad, por lo cual, le pareció mejor encargarle un servicio imposible de conseguir. A base de adulaciones, le pide como servicio a Belerofonte matar a la Quimera, (asi tenía la esperanza de que la fiera acabara con él) con la excusa de que este monstruo mitológico, hija de Tifón y Equidna, y mascota de su enemigo, el rey de Caria. Le cuenta que la bestia asolaba sus fértiles campos y devoraba personas y animales.
Belerofonte sabía que la Quimera había devorado a otros tantos valientes pero decidió llevar a cabo la dura tarea pues se había enamorado de Filonoe, hija de Yóvates y deseaba desposarla.
No sabía como realizar tan gran tarea. Según unos, es el adivino Poliedes, y otros, la misma diosa Atenea, que le dicen que se valga del caballo alado Pegaso.
Para ello, la diosa entregó a Belerofonte una brida de oro para domarlo.
Se decía que Pegaso bajaba del olimpo de vez en cuando a beber de las frescas aguas del río Hipocrene, río que nació cuando Pegaso tocó la tierra por primera vez. Esperó varios días en el lugar hasta que Pegaso bajó a beber, y en ese momento, montó sobre él , reaccionando éste violentamente tratando de desmontarlo, aunque el héroe consiguió poner las bridas doradas y Pegaso se tranquilizó.
Partió a enfrentarse a la horrible Quimera. La Quimera trató de convertirlos en cenizas, sin embargo, el veloz vuelo de Pegaso lo mantuvo libre de los potentes ataques de la bestia. Le asestó varias flechas, pero lo que la mató, fue una lanza de plomo que lanzo directo a la boca, que se derritió por el aliento de la Quimera y el plomo derretido resbaló por la garganta de la bestia, quemandola y ocasionándole la muerte.
Bañado en victoria y gloria, del pueblo agradecido, Belerofonte regresó a la corte de Yóbates, quien no contento con esto, le pidió otra misión, combatir al pueblo salvaje de los sólimos, aliados de las amazonas. Belerofonte cumplió nuevamente con la tarea con la ayuda de pegaso, dejando caer grandes rocas sobre sus cabezas, fuera del alcance de sus flechas.
Después de tal hazaña, Belerofonte se encaminó de regreso a Licia para encontrarse con el rey, que le reveló que la princesa fue la causante de sus desgracias. Él, decide hacerla pagar por ello, por lo que fingió estar enamorado de ella y así la convenció de huir con él hacia Tirinto. Volando sobre el lomo de Pegaso, Belerofonte se encaminó hacia el mar y empujó a Estenebea, quien cayó sobre las rocas de la costa y murió.
Se empeñó en encontrar al belicoso pueblo de las amazonas, las mujeres guerreras, para luchar contra ellas.
Después de vencerlas, el orgullo de Belerofonte le llevó a compararse con los dioses y por esto quiso llegar al Olimpo montado sobre su fiel Pegaso. Sin embargo, el dios Zeus, para castigar la soberbia del héroe, mandó un tábano a picar a Pegaso, que se encabritó y tiró al héroe.
A causa de la caido, quedó malherido, y terminó sus dias vagando por la Tierra, lamentándose de su destino
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1 comentario:

Fenix dijo...

He pasado un rato muy agradable leyendo tu blog... me gustan las leyendas, sobre todo las de mi tierra, Galicia.
Un saludo