domingo, 28 de diciembre de 2008

LOS CAZADORES DE ALMAS


Un monje inglés, en el año 1127, escribió en lo que se conoce como Anglo-Saxon Chronicle... "muchos hombres vieron y escucharon a una multitud de cazadores cazando... eran negros, grandes y repugnantes, y sus sabuesos, también negros, con ojos grandes...montando caballos negros. Y los monjes escucharon los cuernos que tocaron por la noche..."
Según el cronista, el presagio advirtió sobre la avaricia destructora de un nuevo abab en Peterborough.
Este es el primer registro en Inglaterra de "la cacería de almas" (The wild Hunt).
Se habla de jaurías espectrales, los llamados "sabuesos de Garbiel", "gabble retchets", "sabuesos del páramo", "sabuesos Wisth" y el Cwm Annwn o sabuesos del infierno que se relacionan con apariciones de perros negros en algunas partes del país.
Los perros de ojos grandes de Peterborough, se asemejan a Shuck, un perro fantasmal, también de ojos fieros, que dicen que ronda la costa de Norfolk.
Cuando se escuchaban pasar a los perros en las noches nubladas, se decían que eran portadores de desgracias. Quien los escuchara, se aconsejaba tirarse al suelo para evitar verlos, pues los perros estaban relacionados con la caza de almas de personas perdidas, con almas de condenados, y con almas perdidas en el limbo.
Tanto en este país como Alemania, se decía que en estas partidas de caza iban también las almas de los no bautizados, y en Francia, unas leyendas similares dicen que el rey Herodes persigue a los Santos Inocentes.
En los países escandinavos, se cuenta que el cabecilla del grupo es Woden: Odín, representado como el dios de los muertos. Al recoger y recibir a las almas paganas, en la edad oscura del medievo, se le comparó con el demonio.
Walter Map, historiador gales dell s.X aproximadamente, escribió "Sobre las compañías nocturnas", conocidas como la familia de Herlethingus, y dirigidas por el antiguo monarca británico Herla, cuenta que eran tropas que vagaban eternamente, y entre ellas a veces habían vivos, las cuales se sabía que habían muerto.
Otros reyes antiguos, reales o no, dirigieron las cacerías.
Así, el mítico rey Arturo tambíén se presenta a veces (s.XIII), en las cacerías de Arturo.
Independientemente del nombre, al pacrecer, el jefe del grupo era un espectro aterrador, imagen que se usaba para compararlo con el diablo que se lleva las almas de los pecadores al infierno.
Así, con el paso del tiempo, las leyendas se modificaron, y el el siglo XIX, las cacerías de almas pasaron a ser el diablo el que se llevaba las almas, o en su caso, algún villano ejecutado, junto con algunos perros aulladores, en un eterno peregrinaje al infierno.