jueves, 11 de diciembre de 2008

IO


Zeus e Io, por Antonio Correggio
Hija de Inaco, rey de Argos, sacerdotisa de Hera y amante de Zeus. Este la había visto una vez que la muchacha fue a visitar a su padre.
En un principio, Zeus se le presentaba en sueños incitándola a que le entregara su virginidad. Cuando ambos estaban juntos, fueron sorprendidos por la diosa, y Zeus, convirtió en novilla a la doncella para liberarla de las iras de Hera. La diosa, al verla, la admira, y no deja de preguntar a su marido, como si no lo supiera, la procedenica de aquella bella vaca; exigió a su marido que se la entregase, Zeus no tuvo opción, y de esa manera Io quedó consagrada a la terrible diosa, la cual, ordenó al gigante Argos que la vigilara. De sus cien ojos, todos menos dos, se dedicaban a vigilarla, mientras que esos dos, se entregaban al sueño, por lo que siempre estaba alerta al mantener abierto el resto. Por día la dejaba pacer tranquilamente, y por la noche, la ataba con cadenas para que no escapara.
Se cuenta, que una vez se acercó a las riberas del río, donde estaba, ya anciano, su padre. Este no la reconoció, pero se dejo acariciar la ternera mansamente. Inaco había cogido unas hierbas y se las alargaba, ella lame sus manos, le besa las palmas y no puede contener las lágrimas, y si las palabras le obedeciesen le pediría auxilio; en vez de palabras fueron unas letras que su pata trazó en el polvo las que dieron la triste noticia de su metamorfosis.
Pero Zeus, lamentandose del estado de su querida, mandó a Hermes que rescatase a la muchacha. Hermes, disfrazado de pastor, durmió al guardián con su flauta(otros dicen que por aburrimiento), matándolo con una piedra afilada cuando se cerraron todos sus ojos.
La diosa encolerizó. En recompensa por los servicios de Argos, Hera puso sus ojos en la cola del pavo real.
Como Hermes no pudo llevarse a Io, la diosa ató a los cuernos de la ternera un Tábano para que la picara constantemente, y que obligó a Ío a huir corriendo por el mundo sin rumbo. Para liberarse de él, Io llegó huyendo hasta Egipto, donde recupero su forma humana y tuvo un hijo, Epafo.
Entonces Hera ordenó a los curetes (divinidades menores) que le trajeran al pequeño. Y lo consiguieron, pero también consiguieron que Zeus se enfureciera, que los aniquiló por cumplir las órdenes de su esposa.
Io estaba desesperada. Partió en busca de su hijo.
Lo encontró por fin en Siria, donde estaba siendo criado por la esposa del rey Malcandro de Biblos, Astarté.
Tuvo otra hija con Zeus, a la que llamó Cerósea, cuya descendencientes serán los babilonios.
Se le atribuía un gran conocimiento de las hierbas medicinales, incluida la de la inmortalidad.

Mito de Hermes, Io y Argos, por Rubens