jueves, 6 de noviembre de 2008

HESTIA o VESTA. LAS VESTALES


Es la diosa del hogar, o mejor dicho, del fuego que da calor y vida a los hogares.
Era la primogénita de los titanes Crono y Rea, y la primera por tanto en ser devorada por su padre al nacer.
Aunque amada por Poseidón y Apolo, juró sobre la cabeza de su hermano Zeus que permanecería siempre virgen, a lo que èl le concedió honores excepcioneles: los de ser objeto de culto en todas las casas de los hombres y en los templos de cualquier divinidad y la primera víctima de todos los sacrificios públicos, por evitar con su negativa una primera disputa entre los dioses.
Mientras los demás dioses van y vienen por el mundo, Hestia permanece inmovil en el Olimpo, y era la diosa mas tranquila: nunca se metia en las disputas de los dioses y los hombres, por lo que esto hace que pocas veces aparezca en relatos mitológicos .
La misión más importante de una diosa como Hestia consiste en mantener siempre avivado el fuego sagrado, ya que ello era símbolo de la vitalidad y la fuerza que latía en los individuos y en las sociedades antiguas. Si el fuego llegara a apagarse, algún mal irreparable les sobrevendría, y como tenía una gran responsabilidad para llevarla a cabo,de forma satisfactoria, debería prescindir de ataduras y pasiones, de ahí su mito de exigencia y pureza.Y así fua, Hestia permaneció siempre "ávida de pureza" y mantuvo en todo tiempo y lugar "la vida nutritiva sin ser fecundante" y nunca cometió falta alguna de castidad.
Se le hacía multiples de sacrificios, en los banquetes, incluso, antes que al mismisimo Zeus, e ahí que fuera una diosa muy importante para las gentes.
Una de las pocas leyendas que hay, y no es del todo seguro que sea de la misma diosa, en cuando, en una fiesta, se quedó dormida junto a Príapo. Este, intentó abusar de ella, pero los rebuznos de un burro, perteneciente a Sileno, la despertó justo a tiempo y pudo huir.
En un primer momento, ocupa uno de los 12 asientos del Olimpo. Hay ciertas discordancias en esto, pues, se dice, por un lado, que para mantener el equilibrio, eran 6 varones y 6 hembras, pero también se dice que Hestia cedió su sitio a Dionisisos, para encargarse del fuego, pero entonces rompería la armonia de los números.
La versión romana, Vesta, fue mas famosa que su correspondiente griega, debido al culto que se le impartían a través de las vestales.
Todos los dioses tenían a su disposición una casta propia de sacerdotes que se encargaban del cuidado de sus respectivod templos. Y el grupo mas destacados pertenecen a estas jóvenes consagradas a Hestia.
La selención de las sacerdotisas, cuyo número pasó a ser de cuatro a seis, correspondía en principio a los reyes, pero despues sería responsable a los pontifices.

Debían ser niñas entre seis y diez años pertenecientes a una clase social libre y sin defecto físico. Cuando se les aceptaba, se les cortaba el pelo y le las vestía con una túnica blanca.
Debían cuidar que no se apagara jamas el fuego eterno del templo de Vesta, porque este representaba el porvenir del imperio. Si por algún motivo se apagaba la llama del templo, las vestales recibían severas palizas, y todo el mundo entraba en profunda depresión y pánico ante lo que pudiera suceder, hasta que los sacerdotes reavivaban de nuevo el fuego usando directamente los rayos del sol.
Las jóvenes debían guardar celibato, y tanto las adúlteras como los hombres que abusaban de ellas eran castigados con la pena de muerte.
La muerte de estas mujeres, no era sin embargo, igual a la del resto: en medio de espantosas ceremonias en las que se recordaba a las divinidades mas malignas, la vestal castigada debía bajar a su propia tumba, donde se la encerraba con una lamparilla de aceite, un poco de pan, agua, leche y aceite, y se la encerraba, y así acababa sus días la jóven.
A pesar de esto, las vestales que cumplían su deber recibían multiples honores. todos los magistrados, y por ende, la gente de menos clase, les cedían el paso. Su palabra era digna de confianza y crédito por sí sola en los juicios, y si se encontraba por la calle a un condenado, solo con afirmar que el encuentro fue fortuito, el reo quedaba en libertad.
Todos los secretos de estado les eran confiados y también se le reservaba el mejor sitio del circo. Además, todos sus gastos eran responsabilidad del estado de por vida.
Despúes de treinta años consagradas a la labor de sacerdotisa, podían abandonar sus funciones y casarse, pero perdida su juventud, la mayoría se quedaban al cuidado de las novicias.


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