lunes, 1 de diciembre de 2008

FORSETI


Hijo de Balder y Nanna.
Replesenta la justicia y la ley , el arbitraje, la verdad y la paz.
Su hogar era Glitnir, significando brillante, refiriéndose al techo plateado del vestíbulo y sus dorados pilares, de los cuales irradiaban luz que podía ser vista desde una gran distancia.
Como administrador de justicia, se encontraba a cargo de la asamblea de los dioses, además de ser el que debía resolver disputas que se producían entre los hombres.
Forseti era tan respetado que sólo los más solemnes juramentos era pronunciados en su nombre.
Para facilitar la admisión de la justicia en su tierra, se dice que los frisios nombraron a doce de sus hombres más sabios, los asegeir, o ancianos, para que reunieran las leyes de las diversas familias y tribus que formaban su nación y que recopilaron a partir de ellos un código que fuera la base de leyes uniformes. Los ancianos, acabada tal tarea, embarcaron en una nave ara ir en busca de un lugar en donde pudieran llevar a cabo sus juicios y deliberaciones en paz. Pero una tormenta lanzó a la embarcación mar adentro. En su intento por vivir, invocaron a Forseti, rogándole que les ayudara a llegar a tierra . Para su gran sorpresa, se dieron cuenta que en el barco habia alguien más.
Tomó el timón, guiando el barco a una isla. Hizo desembarcar a los ancianos. Entonces el desconocido arrojó su hacha de guerra contra la isla y un manantial manó del lugar donde había ido a parar su arma. Forseti, que era el decimoternero en el barco, bebió del manantial, y el resto le imitaron. Se sentaron en un círculo, maravillados porque el desconocido se parecía a cada uno de ellos en algún rasgo, pero aun así era muy diferente a todos en aspecto general y semblante.
El silencio se vio roto de repente y el dios comenzó a hablar en voz baja, que se volvió más firme y más alta mientras se disponía a exponer el código de leyes que combinaban todos los buenos puntos de los diversos reglamentos existentes que los asegeir habían reunido. Tras terminar su discurso, el orador se desvaneció tan súbita como misteriosamente había aparecido y los doce juristas, recuperando el habla, exclamaron simultáneamente, que el mismo Forseti había estado allí entre ellos y les había entregado el código de leyes por el que a partir de entonces serían juzgados los frisios. En conmemoración de la aparición del dios, declararon como sagrada la isla sobre la que se encontraban y pronunciaron una solemne maldición sobre cualquiera que osara profanar su santidad con luchas o derramamiento de sangre. En consecuencia, esta isla, conocida como tierra de Forseti o Heligoland (tierra sagrada), fue muy respetada por las naciones nórdicas e incluso los vikingos más audaces evitaron hacer incursiones en sus costas, por tener temor a que pudieran sufrir un naufragio o encontrarse con una muerte vergonzosa en castigo por su crimen.
Con frecuencia se celebran solemnes asambleas jurídicas en esta isla sagrada y los juristas siempre recogían agua y la bebían en secreto, en memoria de la visita de Forseti.
Las aguas de este manantial eran, además, consideradas tan sagradas que todos los que bebían de él eran considerados santos, e incluso se prohibía matar al ganado que había bebido allí. Ya que se decía que Forseti celebraba sus sesiones jurídicas en primavera, verano y otoño, pero nunca en invierno, se hizo costumbre entre las naciones del Norte, administrar la justicia durante estas estaciones, declarando la gente que era sólo cuando la luz brillaba claramente en los cielos, cuando lo justo se hacía evidente ante todos, y que resultaba imposible el presentar un veredicto equitativo durante la oscura estación de invierno.
Forseti es raramente mencionado, excepto en conexión a Balder.
Aparentemente, él no participaría en la batalla final en la que los otros dioses jugarían papeles tan importantes.